domingo, 9 de agosto de 2026

La emergencia hídrica el Proyecto 086/26 presentado por el ejecutivo provincial y que fue aprobado en Diputados

 La emergencia hídrica el Proyecto 086/26 presentado por el ejecutivo provincial y que fue aprobado en Diputados

La emergencia no es solo el clima

El 31 de julio de 2026 el Poder Ejecutivo de Chubut remitió a la Legislatura el Proyecto de Ley N° 086/26, que declara la emergencia hídrica en todo el territorio provincial por el término de un año. El documento se apoya en una exposición de motivos hidrológica: para la cuenca del río Chubut, describe una "creciente vulnerabilidad del sistema hídrico" asociada a variabilidad climática, cambios en los regímenes de precipitaciones y degradación ambiental; para la cuenca del Senguer usa una fórmula equivalente, "creciente vulnerabilidad hídrica", pero agrega un elemento que no aparece en el caso del Chubut: la "presión ejercida por los distintos usos del recurso".

Esa mención no es un detalle retórico. Es el propio Ejecutivo el que incorpora la utilización del agua, y no solo su disminución natural, como factor de vulnerabilidad de la cuenca del Senguer. A partir de esa grieta abierta por el propio texto oficial, la emergencia de 2026 no puede leerse únicamente como una consecuencia del clima: exige preguntar también cómo se administra, se distribuye y se usa el agua que todavía queda.

El dato hidrológico: una advertencia y una asimetría

Los registros que sostienen el proyecto provienen del Sistema Nacional de Información Hídrica, pero con una salvedad que el propio documento explicita: los datos oficiales de caudal solo llegan hasta abril de 2024. Lo que sigue —buena parte de 2024 y todo 2025— surge de una calibración altura-caudal (H-Q), que el proyecto mismo describe como una estimación aproximada, con incertidumbre por no usarse las curvas de calibración oficiales. Cualquier lectura posterior de esas cifras debe conservar esa cautela.

Con esa salvedad, la cuenca del Chubut muestra déficits crecientes en las cuatro estaciones medidas entre 2024 y 2025 (El Maitén, Río Gualjaina, Paso del Sapo y Los Altares, esta última con el déficit porcentual más alto), y el Embalse Florentino Ameghino registró entre octubre de 2025 y abril de 2026 un balance neto negativo de 411,02 Hm³.

En el Senguer aparece un dato distinto. En la estación Nacimiento, ubicada en la cabecera, el déficit mejora de manera significativa entre 2024 (–32,21 %) y 2025 (–15,24 %). En Los Molinos, la estación situada —según describe el propio proyecto— "previa al ingreso del recurso al valle irrigado de Sarmiento", el déficit se mantiene prácticamente estable: –42,09 % en 2024 y –42,69 % en 2025.

La mejora relativa que se observa en la cabecera no se traslada de manera equivalente a la estación baja. El proyecto no ofrece un balance hídrico del tramo entre ambas estaciones, de modo que no es posible atribuir esa diferencia a un factor único: intervienen aportes de tributarios, evaporación, infiltración y almacenamiento, además de las captaciones. Lo que sí puede afirmarse con los datos disponibles es más acotado pero igual de relevante: la condición hidrológica medida en la cabecera no se transmite linealmente hasta la cuenca baja, antes del valle de Sarmiento.

Esa asimetría es la que empuja el análisis hacia la estructura de uso del agua en ese tramo.

Una herramienta de un año para un diagnóstico que se describe como estructural

El propio diagnóstico del Ejecutivo enumera aridización, degradación ambiental, presión de los usos y desafíos de "gestión sostenible" frente a "escenarios climáticos actuales y futuros". La respuesta jurídica que ofrece el proyecto, en cambio, es una emergencia de doce meses, articulada sobre los artículos 35 a 40 de la Ley XVII N° 88.

No hay una contradicción automática entre ambos planos, pero sí una tensión objetiva. El articulado autoriza al IPA y a la Secretaría de Infraestructura a acciones urgentes y contrataciones directas, promueve el uso de agua subterránea para compensar el déficit superficial, faculta al IPA a priorizar usos conforme al artículo 42 de la Ley XVII N° 53, y habilita al Ejecutivo a reasignar partidas presupuestarias. Es una herramienta orientada principalmente a la oferta —obras, captaciones, perforaciones— y a la priorización administrativa. No establece cupos, auditoría de consumos reales ni una revisión general de las asignaciones existentes.

Cómo está estructurado el uso del agua en la cuenca

Antes de llegar al valle irrigado de Sarmiento, el Senguer recorre una cuenca que involucra a dos provincias. En el tramo conocido como "codo del Senguer" el río ingresa brevemente en territorio de Santa Cruz y regresa después a Chubut. Existe, desde 2006, un Organismo Interjurisdiccional de la Cuenca del Río Senguer integrado por ambas provincias y el Estado Nacional, con la misión de administrar, controlar y preservar el recurso compartido. Las facultades de priorización que el artículo 4 del proyecto otorga al IPA de Chubut encuentran ahí un límite: cualquier restricción de tomas o de caudal ecológico en el tramo compartido requiere coordinación interprovincial, y el funcionamiento de ese organismo ha sido, históricamente, intermitente. La emergencia provincial no lo reemplaza ni lo activa por sí sola.

Antes de desembocar en el Lago Musters, el río se bifurca. El cauce principal alimenta el Musters; un brazo natural, el Falso Senguer, deriva agua hacia el Lago Colhué Huapi, hoy en gran medida seco. En años de crecida, ese brazo funciona como una válvula que termina evaporando el excedente en el Colhué Huapi. En años de escasez, el aporte debería priorizarse hacia el Musters, pero las tomas de la cuenca alta y media compiten por el caudal antes de que el río llegue al punto de bifurcación. El proyecto no analiza este mecanismo, aunque condiciona cuánta agua llega finalmente al embalse natural del que depende el sistema de acueductos.

Ese embalse no es un dato menor: del Lago Musters se abastece de agua potable a Comodoro Rivadavia, Rada Tilly, Sarmiento y Caleta Olivia, entre 300.000 y 400.000 personas según las estimaciones habituales de la región. El Colhué Huapi es el antecedente más claro de lo que ocurre cuando se combinan menor aporte de cuenca, derivaciones no controladas, pérdidas elevadas en conducción y ausencia de regulación efectiva: durante décadas redujo su superficie hasta convertirse, buena parte del año, en un lecho seco generador de tormentas de polvo. El mecanismo que lo secó es, según este material, el mismo que hoy opera sobre el Musters.

Los permisos del IPA: cuánto se autorizó y en cuántas manos

El listado oficial de permisos del Instituto Provincial del Agua, con corte a febrero de 2026, registra 34 permisos vigentes de uso agrícola y/o pecuario en la cuenca del Senguer. El volumen agrícola consignado en esos permisos asciende a 104.528.592 m³ por año, aproximadamente 104,5 Hm³ anuales.

Esa cifra no equivale al agua que se extrae efectivamente cada año: es el volumen autorizado, no el consumo real. La distinción es metodológicamente indispensable y no puede pasarse por alto en ningún sentido —ni para inflar el problema ni para minimizarlo—, aunque tampoco puede ignorarse al analizar una cuenca con caudal decreciente que el propio Estado declaró en emergencia.

Lo que sí muestra el padrón, sin necesidad de saber cuánto se extrae realmente, es la concentración: tres permisos reúnen el 78,6 % del volumen agrícola autorizado (30,6 %, 26,6 % y 21,4 % respectivamente, un total de 82,17 millones de m³ anuales), mientras los 31 permisos restantes se reparten el 21,4 % que queda. No se trata de una multiplicidad de usuarios repartidos de manera más o menos pareja: una parte muy significativa del volumen formalmente autorizado está en muy pocas manos. Identificar a los titulares es posible a partir del listado público del IPA; para este análisis, lo relevante es la magnitud y la concentración, no los nombres.

Esa estructura de permisos es, en los términos del propio proyecto, la base sobre la que el IPA deberá decidir a quién priorizar cuando el agua escasea.

Las pérdidas: por qué la conducción importa tanto como el caudal

El IPA utilizó de manera reiterada, en intervenciones ante el Comité de Cuenca del Senguer, una categoría técnica propia: "pérdidas intolerables". La describe para canales que captan agua desde la planicie de inundación del río —no desde una toma regulada en el cauce principal—, atraviesan mesetas de altísima permeabilidad y, en muchos casos, solo sirven para dar de beber a la hacienda o para "enmallinar" pequeñas superficies. El propio organismo señaló que ya no otorga permisos para este tipo de canales, justamente por la magnitud de esas pérdidas.

La eficiencia de conducción se calcula como el caudal que llega a destino sobre el caudal que sale de la toma. Según parámetros técnicos que el propio IPA ha manejado, un canal revestido con control alcanza entre 85 % y 90 % de eficiencia; uno de tierra corto y bien mantenido, entre 60 % y 70 %; uno de tierra largo, sin revestimiento, en suelo de alta permeabilidad, puede caer a 30-40 % o menos. Por debajo del 50 %, cuando el destino no es riego sistematizado de alto valor, la pérdida se vuelve sistémicamente costosa: el agua que se infiltra en las mesetas de rodados patagónicos no vuelve al río, pasa a acuíferos profundos o se evapora.

Geográficamente, buena parte de los permisos pecuarios con escasa o nula superficie agrícola declarada se concentra en Alto Río Senguer y Aldea Apeleg, zonas que coinciden con los tramos de canales que el IPA calificó de pérdidas intolerables. En Sarmiento predominan permisos con superficie agrícola declarada, aunque también hay casos de baja eficiencia por riego de inundación de campo bruto, que genera bañados y juncales. El propio organismo llegó a hablar de unas 500 tomas históricas en la cuenca alta y media, de las cuales solo una fracción estaba formalmente autorizada, muchas sin compuertas ni medición y en uso durante todo el año, tal lo declarado en el 2016.

Dos perfiles de permiso resultan particularmente sensibles a este problema: los pecuarios con dotaciones muy bajas por animal frente a grandes cantidades de cabezas —lo que obliga a derivar más caudal del declarado o a aceptar pérdidas mayores en el trayecto— y los agrícolas de pequeña superficie con consumos unitarios de 20.000 a 25.000 m³ por hectárea anual, típicos de sistemas de inundación poco eficientes y no de riego tecnificado.

El proyecto no ofrece un balance hídrico que permita atribuir cuantitativamente a estas pérdidas la diferencia observada entre Nacimiento y Los Molinos. Pero sí puede afirmarse, con documentos oficiales, que el Estado había identificado el problema de eficiencia de conducción años antes de la emergencia, que la estructura de permisos vigentes incluye usos localizados exactamente en las zonas críticas, y que la emergencia habilita priorizar usos y promover agua subterránea sin resolver por sí sola el problema de las pérdidas.

Una crisis anunciada: lo que el Estado ya sabía entre 2022 y 2025

La emergencia de agosto de 2026 no aparece en un vacío de información. En 2022 el IPA y la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco iniciaron un diagnóstico integral de la crisis hídrica del Senguer, con entrega de equipamiento y capacitación para campañas de aforo en Alto Río Senguer. La premisa de partida era elemental: sin medición sistemática de cuánto se extrae en cada toma y cuánto llega a destino, ninguna política de priorización puede ser completa.

Ese mismo año se licitó el Plan de Gestión Integrada de Recursos Hídricos de la cuenca (2022-2030), con un presupuesto de 160 millones de pesos, adjudicado a HCA Consultora S.R.L. y EVARSA bajo supervisión de la Secretaría de Ambiente y el IPA. En junio de 2024 el gobierno provincial informó avances y anunció una red de monitoreo hidroambiental por dos años. En la asamblea de octubre de 2024 del Comité de Cuenca se presentaron el informe de avance del Plan, el estado de la obra de regulación del Lago Fontana, la Resolución 98/24 del IPA y el pronóstico de derrame del Senguer para 2024-2025: es decir, a fines de 2024 el organismo ya contaba con una proyección de oferta hídrica para el ciclo que terminaría en la emergencia de 2026.

En materia normativa, el IPA dictó en 2024 la Resolución 98/24 (requisitos para permisos agrícolas) y la 149/24 (requisitos pecuarios, luego modificada por la 149/2025), que exigen proyecto productivo y justificación de la necesidad de agua. El propio organismo había señalado, ya en inspecciones de 2013 en Arroyo Apeleg y Alto Río Senguer, que un informe integral para el Comité de Cuenca solo sería posible cuando la totalidad de los usuarios regularizara su situación. La regularización era, en ese sentido, una deuda de más de una década, y las resoluciones de 2024-2025 son un intento de ordenar el padrón que no cerró de inmediato la brecha entre tomas existentes y permisos formalizados.

Las campañas de aforo de octubre-noviembre de 2022 aportaron magnitud al problema: en la cuenca alta se midieron extracciones para riego del orden de 3,7 m³/s en fechas de aforo —más de tres veces lo que en ese momento extraía el sistema de acueductos del Musters para consumo urbano—, y en el delta de Sarmiento las extracciones en canales de riego llegaron a valores del orden de 7,6 m³/s en noviembre de 2022. Son mediciones puntuales, no volúmenes anuales, pero confirman el peso cuantitativo de las tomas de riego frente al caudal disponible y al consumo humano de las ciudades del Golfo San Jorge.

La obra más relevante prevista para regular la cabecera, la Presa Nacimiento del Río Senguer / Azud del Lago Fontana (BAPIN 131498), busca reducir la variabilidad estacional del sistema Fontana-La Plata. Según su documentación técnica, el derrame medio histórico en Nacimiento ronda los 1.052 Hm³/año, la demanda agrícola teórica de la cuenca se estima en 1.485 Hm³/año para unas 33.000 hectáreas bajo riego, y la capacidad de regulación proyectada del embalse es de 110-114 Hm³. El balance teórico ya es deficitario incluso sin contar pérdidas de conducción, y la obra, pese a contar con financiamiento nacional y figurar entre las medidas prioritarias del Comité de Cuenca, no estaba operativa al momento de declararse la emergencia.

Entre 2022 y 2025, entonces, el Estado diagnosticó la falta de medición, licitó un plan de largo plazo, dictó normas de regularización, aforó extracciones significativas, proyectó la oferta hídrica y avanzó parcialmente en la obra de regulación del Fontana. Al mismo tiempo, el padrón de febrero de 2026 muestra que se siguieron otorgando permisos, que el volumen autorizado se concentra en pocas manos y que persisten los canales que el propio IPA calificó de pérdidas intolerables.

El factor climático: qué cambia y qué todavía no está claro

El cambio climático no opera aquí como argumento genérico. Más del 70 % del caudal del Senguer se genera en la cabecera cordillerana, alimentada por los lagos Fontana y La Plata y por el deshielo. Estudios de la UNPSJB y el CONICET muestran que el pico de caudal primaveral se adelantó unos 17 días desde 1950, que el deshielo —antes concentrado entre fines de septiembre y octubre— ocurre cada vez más temprano, y que la temporada de acumulación de nieve se acorta a favor de precipitaciones en forma de lluvia. Ese cambio reduce la función de la nieve como embalse temporal: el agua escurre antes y está menos disponible en los meses de mayor demanda.

Desde 2000-2001 se observa además una disminución de las precipitaciones invernales en la cabecera, un aumento de la temperatura media (del orden de 2,18 °C entre 1989 y 2015 en registros regionales) y una mayor frecuencia de fases de La Niña, asociadas a reducciones de caudal de entre 33 % y 36 % en los tramos bajos respecto de fases de El Niño. La cobertura de glaciares en la subcuenca es mínima (alrededor del 0,03 % del área), lo que limita la capacidad de regulación natural frente a los períodos secos. En la cuenca baja, donde están los lagos Musters y Colhué Huapi, el déficit es estructural: precipitaciones del orden de 150 mm anuales contra evaporaciones que superan los 1.700 mm, un desbalance que el aumento de temperatura agrava.

Las proyecciones a futuro, sin embargo, son menos nítidas para el Senguer que para el Chubut. Mientras la cabecera del río Chubut proyecta una reducción del orden del 40 % en la disponibilidad de agua hacia fines de siglo, para el Senguer los estudios disponibles no coinciden: algunos trabajos estiman tendencias negativas de caudal del orden de 1 % anual entre los lagos Musters y Colhué Huapi y 1,5 % anual en Los Molinos, mientras que otros no encuentran tendencias estadísticamente significativas, según la metodología, la estación y el período analizado. La cuenca se ubica en una zona de transición climática, entre tendencias negativas más claras al norte y tendencias positivas o indefinidas más al sur.

Lo que sí se proyecta con mayor consenso son procesos regionales: menos nieve y menor espesor nival en los Andes de latitud media, deshielo más temprano, mayor evaporación en los lagos terminales y persistencia del desfase estacional entre oferta y demanda. Esa incertidumbre sobre la cifra exacta no debilita el diagnóstico de vulnerabilidad: si el clima se vuelve más errático, los márgenes de ineficiencia y sobreasignación que el sistema toleraba en el pasado se vuelven más costosos.

La pregunta que atraviesa toda la evidencia

¿La emergencia hídrica del Senguer responde exclusivamente a una disminución de la disponibilidad natural, o también revela una vulnerabilidad vinculada a la forma en que se administra, distribuye y utiliza el agua? Los propios documentos oficiales —el proyecto de ley, los registros de permisos, las intervenciones del IPA ante el Comité de Cuenca, los antecedentes de 2022-2025— no permiten responder con una causa única. Permiten, sí, sostener que ambos factores operan juntos: un caudal que decrece de manera diferente entre la cabecera y la cuenca baja, y una estructura de uso del agua —permisos concentrados, canales con pérdidas que el propio Estado calificó de intolerables, una obra de regulación todavía inconclusa— que condiciona cuánta de esa agua llega efectivamente a destino.

Conclusión

El componente climático de la emergencia es real: menos nieve, deshielo adelantado, mayor evaporación y una cabecera que, según la proyección más citada, podría perder hasta 40 % de su disponibilidad hacia fin de siglo en la cuenca vecina del Chubut, con una tendencia menos definida pero igualmente preocupante en el Senguer. Eso no agota, sin embargo, lo que hay para analizar.

La comparación entre Nacimiento y Los Molinos, la concentración de tres cuartas partes del volumen autorizado en tres permisos, los canales que el propio IPA definió como generadores de pérdidas intolerables y una obra de regulación de cabecera que sigue sin estar operativa componen un cuadro de gestión que el Estado documentó, en gran medida, antes de esta emergencia. La Ley 086/26 habilita herramientas de un año, orientadas principalmente a ampliar la oferta y a priorizar usos por decisión administrativa. No responde por sí sola a las preguntas que su propio diagnóstico plantea: cómo se asigna el agua, cómo se controla su uso real, cuánto se pierde en el camino, qué información existe para decidir y cuánta capacidad de adaptación tiene el sistema frente a una disponibilidad que, con o sin certeza sobre su magnitud futura, viene mostrando menos margen.

 


martes, 4 de agosto de 2026

Chubut: el 25% que puede entregar las nacientes del agua

 

Chubut: el 25% que puede entregar las nacientes del agua

Por Guillermo Gettig Jacob para Autoconvocados por el agua de la cuenca del Senguer

Hoy, martes, a las 16, en el Salón de las Provincias del Senado, Patricia Bullrich anuncia la fórmula con la que el oficialismo espera destrabar, después de diecisiete borradores fracasados, el capítulo más resistido del proyecto de Inviolabilidad de la Propiedad Privada: la extranjerización de tierras rurales. El jueves 6 el Senado retoma el cuarto intermedio abierto el 16 de julio, cuando esa sesión evitó el rechazo del capítulo por 62 votos contra 3 y una abstención, a condición de postergar la definición.

La fórmula que trascendió no elimina el límite vigente, como pretendía originalmente el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger. Lo sube. Y el modo en que lo sube es lo que convierte a esta ley en un problema específicamente chubutense.

Lo que dice el borrador, literalmente

El texto que circuló entre senadores libertarios y aliados dice, sin margen para la interpretación: prohibida la adquisición de tierras rurales por personas humanas o jurídicas de nacionalidad extranjera "por encima del veinticinco por ciento (25%) en el territorio de cada provincia". Nada más. Ninguna mención al nivel departamental.

Eso no es una lectura forzada de la oposición: es la letra del artículo que Bullrich negoció con los bloques dialoguistas para conseguir los votos que hoy todavía no tiene asegurados. La Ley 26.737, vigente desde 2011, fija el 15% como techo simultáneo a nivel nacional, provincial y departamental o municipal. El nuevo borrador solo habla de provincias.

La discrepancia importa porque hay una excepción: LA NACION reportó, citando fuentes legislativas, que el tope regiría a nivel "nacional, provincial y departamental". Es la única fuente que sostiene eso; el resto de los medios que accedieron al articulado —Ámbito, MDZ, Revista Acción, parlamentario.com— citan el mismo texto que omite el departamento. Con diecisiete versiones ya descartadas y una sesión a 48 horas, no puede descartarse que el borrador cambie una vez más antes del jueves. Pero con lo que hay sobre la mesa hasta el cierre de esta nota, el patrón es claro: se sube el número que menos importa y se calla el que más protegía.

Ese vacío tiene, incluso, un nombre en el debate público. Desde el Observatorio de Tierras vienen señalando que el problema real nunca estuvo en el promedio nacional ni provincial —ninguna provincia argentina llega hoy al 15%— sino en unos 36 puntos rojos identificados en el mapa departamental, zonas donde la concentración extranjera ya es alta y donde, sin techo local, se podría vender la cordillera entera o una cuenca completa sin que el promedio provincial se altere. Es exactamente el mecanismo que describe esta nota para Chubut.

Lo que dicen —y lo que callan— los que la escriben

Patricia Bullrich encuadra la reforma como una cuestión de derechos individuales y, en sus propias palabras, como una forma de dejar atrás "la ley que era de Máximo Kirchner" —aunque la norma de 2011 se sancionó en el inicio del segundo mandato de Cristina Kirchner, no de su hijo, un desliz que no es menor viniendo de quien conduce la negociación. Bullrich también sostuvo que las provincias "mantienen facultades para legislar" límites propios, aunque aclaró que no cree que vayan a usarlas. Es una contradicción interna: si la salvaguarda real —la potestad provincial— no se va a ejercer, la reforma pierde el único freno que sus propios negociadores dicen haber preservado.

Federico Sturzenegger, autor original del proyecto, aceptó los cambios "a regañadientes", según trascendió de la reunión que mantuvo con Bullrich. Su posición de partida no contemplaba techo alguno, ni siquiera en zonas de frontera; fue ese punto —la venta de tierra en zonas de seguridad fronteriza— el que generó rechazo incluso entre sectores afines al Gobierno. Sturzenegger llegó a cuestionar la redacción final del artículo, lo que sacudió el apoyo de los bloques aliados apenas días antes de la sesión.

Puertas adentro de La Libertad Avanza la interna fue más lejos: trascendió una discusión por WhatsApp entre la vicepresidenta Victoria Villarruel y Bullrich sobre el tratamiento parlamentario del proyecto, en la que Villarruel habría buscado desalentar a senadores propios de asistir para frustrar el quórum. No es un dato menor para entender por qué la ley lleva cinco intentos fallidos: la resistencia no viene solo de la oposición.

En la oposición dialoguista, el radicalismo tampoco es un bloque homogéneo. El Comité Nacional de la UCR, con Leonel Chiarella, y la Organización de Trabajadores Radicales, con Luis Cerini, plantearon que la venta de territorio nacional pone en riesgo la soberanía, los recursos estratégicos y el agua. Los senadores misioneros Carlos Arce y Sonia Rojas Decut —inmersos además en una disputa política provincial entre el gobernador Hugo Passalacqua y Carlos Rovira— acompañarían el proyecto en general pero rechazarían puntualmente el artículo sobre venta de tierras rurales a extranjeros.

Para el jueves 6, distintas organizaciones sociales, ambientales y sindicales —convocadas también por el Observatorio de Tierras— llaman a movilizarse frente al Congreso y en plazas de todo el país bajo la consigna "Argentina no se vende".

La escala del problema, en números

Según un cálculo de Perfil sobre la ley vigente, con el techo actual del 15% todavía podrían venderse a extranjeros más de 26 millones de hectáreas en todo el país —el equivalente a dos veces la superficie de la provincia de Santa Fe—. Con el nuevo tope del 25%, esa cifra crece en más de un tercio. Y un informe de la Auditoría General de la Nación sobre el funcionamiento del Registro Nacional de Tierras Rurales constató que, desde 2017, prácticamente no se tramitaron los pedidos de información que la propia ley exige para monitorear el cumplimiento del límite: el organismo de control que debería frenar los excesos casi no funcionó en los últimos años, con cualquier signo político en el Gobierno.

Sobre ese terreno de control débil se monta ahora la comparación departamental que de verdad importa para Chubut:

Departamento Extranjerización estimada Referencia
Cushamen ~22,9% (≈377.875 ha) Grupo Benetton / CTSA
Biedma ~4,9% (≈64.000 ha)
Paso de Indios ~4,2% (≈93.000 ha)
Promedio provincial (Chubut) ~3,9–4,3% RNTR / Observatorio de Tierras

(Cifras según relevamientos citados en la investigación previa de esta serie; se recomienda contrastarlas con la fuente primaria —RNTR, informe del Observatorio de Tierras CONICET/UBA— antes de publicar, dado que no pudieron verificarse de forma independiente en este chequeo.)

Cushamen ya está, hoy, casi seis veces por encima del promedio provincial. Es la prueba de que el número que importa nunca fue el de la provincia entera, sino el de la unidad territorial más chica. Y es precisamente ese nivel el que el nuevo borrador deja de tocar.

Lo que puede pasar en Río Senguer

El caso Cushamen tiene nombre propio —Benetton— y una historia de casi un siglo y medio, desde la Conquista del Desierto y la fundación de la Compañía de Tierras del Sud Argentino en 1889 como The Argentine Southern Land Company. Pero el riesgo mayor, el que todavía no tiene un propietario que lo encarne, está en el departamento Río Senguer, donde nacen los lagos Fontana y La Plata: el origen del río Senguer, la principal fuente de agua del sur de Chubut, de la que dependen Comodoro Rivadavia, Rada Tilly, Sarmiento y Caleta Olivia.

La ley de 2011 prohibía a extranjeros adquirir inmuebles que contuvieran o fueran ribereños de cuerpos de agua permanentes de envergadura. Esa protección específica se diluye en la nueva redacción. Sin tope departamental, un comprador —argentino o extranjero, porque el problema de la propiedad concentrada no distingue nacionalidad una vez que el control del acceso está en juego— podría reunir grandes extensiones alrededor de Fontana y La Plata sin que el promedio provincial del 25% se altere en lo más mínimo.

El antecedente ya existe y no es hipotético. En marzo de 2026, en la Ruta Provincial 12 cerca de Gualjaina, la propietaria de un campo llamado La Cancha instaló una tranquera metálica sobre el asfalto de un camino pavimentado con fondos públicos entre 2005 y 2009. La Administración de Vialidad Provincial le dio la razón: el Estado nunca completó el proceso de expropiación, así que el suelo bajo la ruta sigue siendo privado. Un particular pudo restringir el paso invocando, precisamente, la inviolabilidad de la propiedad que ahora se busca elevar a principio general.

Multiplicado por más superficie en manos concentradas, ese mecanismo deja de ser una anécdota rural y se convierte en una herramienta: cierre de caminos vecinales, control de accesos a costas de lagos y tomas de agua, restricción de paso a comunidades mapuche, criollas o vecinales que hoy usan esos caminos como si fueran públicos porque, en los hechos, siempre lo fueron.

La pregunta que queda

El 25% provincial suena a concesión moderada. En los hechos, es un número que no protege nada de lo que hoy está en riesgo en Chubut, porque el riesgo nunca estuvo distribuido de manera pareja en el territorio: está concentrado en Cushamen, y puede empezar a concentrarse en Río Senguer. El proyecto que Bullrich anuncia hoy no cierra esa puerta. Según la letra que se conoce hasta el momento, la deja más abierta que nunca, aunque el número que se discute públicamente diga lo contrario.

La pregunta que importa no es si habrá más compra de tierras después del jueves. Es quién va a controlar, dentro de unos años, el acceso a las nacientes del Senguer —y si, para entonces, todavía va a ser un asunto público del que el Estado pueda ocuparse, o un asunto privado resuelto con una tranquera.





Nota: los porcentajes de extranjerización por departamento (Cushamen, Biedma, Paso de Indios) provienen de relevamientos citados en la investigación previa de esta serie y no pudieron re-verificarse de forma independiente en este chequeo puntual. Se recomienda citar la fuente primaria exacta (RNTR, año del informe, y/o el Observatorio de Tierras CONICET/UBA) antes de la publicación final. El dato sobre los "36 puntos rojos" departamentales corresponde a una estimación difundida en redes por una cuenta vinculada al Observatorio de Tierras, citada por un medio digital (Nota al Pie); se recomienda buscar la fuente primaria del organismo antes de darla como dato cerrado.

viernes, 5 de junio de 2026

El proyecto que pone en riesgo al cuartel diciendo que protege a los bomberos

 

El proyecto que pone en riesgo al cuartel diciendo que protege a los bomberos

Cuando redactábamos este artículo la senadora que lo impulsaba, María F. López lo retiró del Congreso por las tensiones que provocó y generó entre los cuarteles de bomberos del país. De todas maneras bien vale el análisis sobre el proyecto.



Un proyecto de ley en el Senado propone crear un sistema de beneficios sociales para los bomberos voluntarios. La iniciativa tiene un propósito justo, pero su financiamiento genera una alarma que el texto mismo contradice.


Hay algo profundamente simbólico en que una de las instituciones más queridas de la Argentina esté en el centro de un debate legislativo que pocos conocen. Los bomberos voluntarios —más de 90.000 personas distribuidas en alrededor de 1.000 cuarteles a lo largo del país— sostienen desde hace décadas una red de protección civil que el Estado nunca podría reemplazar sin un costo enorme. Un proyecto de ley presentado este año por la senadora María F. López propone modernizar el marco legal que los regula. La intención es noble. Los números, sin embargo, merecen una mirada más atenta.

Qué dice el proyecto

El texto —identificado como S-0715/2026— propone derogar la Ley 25.054, vigente desde 1998, y reemplazarla por una norma que incluye un Régimen de Protección Integral del Bombero Voluntario. Los beneficios son concretos y, hay que decirlo, muy necesarios: transporte gratuito en todo el país, exención del Impuesto a las Ganancias, cobertura garantizada por accidentes o fallecimiento en servicio, gratuidad en trámites administrativos y una pensión vitalicia para quienes queden con incapacidad total. Durante años los bomberos arriesgaron su vida sin una red de protección digna. Eso es un déficit real y el proyecto lo ataca de frente.

El problema no está en los beneficios. Está en cómo se pagan.

La aritmética del conflicto

El sistema se financia principalmente con el 5 por mil que las aseguradoras aportan obligatoriamente sobre las primas de seguros —con excepción de vida—. Ese dinero hoy se distribuye de una manera; el proyecto lo redistribuye de otra, y la diferencia es sustancial.

Bajo la ley vigente, el 78% de ese fondo va directamente a los cuarteles —las asociaciones de primer grado— para combustible, mantenimiento de autobombas, equipos de protección personal y capacitación. El proyecto reduce ese porcentaje al 39% y destina el 50% restante a financiar el nuevo Régimen de Protección.

En términos simples: la mitad del dinero que hoy llega al cuartel para que la autobomba salga a una emergencia pasaría a administrarse centralmente para pagar seguros y pensiones.

El proyecto agrega dos fuentes nuevas —el 0,5% del presupuesto del Ministerio de Seguridad y donaciones deducibles de Ganancias— pero no especifica montos concretos ni garantías mínimas. Son fuentes reales pero inciertas, especialmente en un contexto de ajuste fiscal y alta presión tributaria.

Las contradicciones del texto

Uno de los aspectos más llamativos del proyecto es la distancia entre sus fundamentos y su articulado. La senadora López escribe que el financiamiento "no debe comprometer el normal funcionamiento operativo del sistema" y que resulta indispensable garantizar equipamiento y capacitación. Esas palabras están en la exposición de motivos. Pero el artículo 14, el que reparte los porcentajes, no las refleja.

Hay además una laguna normativa que pasa desapercibida: la ley vigente establece que el 78% se distribuye "por partes iguales" entre los cuarteles. El proyecto solo dice que el 39% "será distribuido entre las asociaciones de primer grado", sin definir el criterio. Esa ambigüedad, que quedará en manos de la reglamentación del Ejecutivo, puede perjudicar especialmente a los cuarteles más pequeños del interior.

¿Quiénes corren más riesgo?

El impacto no sería uniforme. Los cuarteles de grandes ciudades —Buenos Aires, Córdoba, Rosario— tienen mayor capacidad para compensar el recorte con aportes municipales, empresas locales o socios protectores. Los que dependen casi exclusivamente del fondo nacional son los cuarteles rurales, los patagónicos, los de zonas de baja densidad económica. Son los mismos que atienden las emergencias más aisladas, con mayores distancias y menores recursos alternativos.

Un cuartel que hoy renueva una autobomba cada ocho años, con la mitad del financiamiento, podría tardar el doble. Y las autobombas tienen una vida útil.

El punto justo en el medio

El debate no debería ser "protección social para los bomberos sí o no". Esa es una discusión saldada: la necesitan y la merecen. La pregunta real es si esa protección debe financiarse recortando a la mitad los recursos que mantienen vivo al sistema.

Ningún país con un sistema de bomberos voluntarios consolidado —Chile, España, Canadá— financia los seguros y pensiones de sus voluntarios sacando el dinero del presupuesto operativo de los cuarteles. Lo hace con fondos separados, complementarios.

Argentina puede hacer lo mismo. Pero para eso el proyecto necesita una modificación de fondo en su artículo más importante: el 14.


El Proyecto S-0715/2026 está en estado de versión preliminar, sujeto a corrección antes de su tratamiento definitivo en el Senado.

miércoles, 20 de mayo de 2026

Chubut La deuda eterna La deuda que "se canceló", el ajuste que continúa y el modelo que nadie discute

 Chubut La deuda eterna

La deuda que "se canceló", el ajuste que continúa y el modelo que nadie discute

 Análisis de Guillermo Gettig Jacob

El gobernador Ignacio Torres anunció la anterior semana que Chubut "canceló totalmente su deuda con Nación". La frase fue presentada como un hito histórico: una provincia que deja atrás el desorden financiero, ordena sus cuentas y convierte pasivos en obras. La imagen política funciona. El problema aparece cuando se mira debajo del anuncio.

Porque mientras el gobierno celebra, la provincia sigue pagando vencimientos millonarios heredados, tomó nueva deuda en dólares en el mercado internacional, mantiene una dependencia estructural de regalías petroleras, suspendió pagos a proveedores bajo emergencia económica y, al mismo tiempo, alivió cargas tributarias sobre los sectores más concentrados de la economía. La pregunta entonces deja de ser contable y se vuelve política: ¿Chubut se desendeudó, o simplemente cambió de acreedor mientras reordena quién paga el costo?

 

Lo que significa realmente "cancelar deuda con Nación"

Técnicamente, el anuncio refiere a la cancelación de una deuda específica con el Fondo Fiduciario para el Desarrollo Provincial, operada mediante el Régimen de Extinción de Obligaciones Recíprocas —el REOR—, un mecanismo de compensación entre partes. Nación reconoce lo que le debe a Chubut, Chubut reconoce lo que le debe a Nación, y ambas compensan. Prolijo. Pero el punto central es otro: la provincia no quedó libre de deuda. Se extinguió una línea específica de endeudamiento mientras continúan otros pasivos mucho más pesados y condicionantes.

 

La deuda no desapareció: cambió de forma

Mientras se anunciaba el "fin" de la deuda con Nación, Chubut avanzaba en nueva deuda internacional por hasta 650 millones de dólares. Ahí aparece la primera gran contradicción del modelo. La provincia abandona deuda intraestatal —más flexible, renegociable en términos políticos— para ingresar nuevamente a esquemas financieros internacionales, más rígidos y atados al humor del mercado. El problema no es solo cuánto se debe sino a quién, en qué moneda, bajo qué legislación y con qué garantía. En este caso, la respuesta a esa última pregunta es siempre la misma: regalías petroleras futuras. La provincia hipoteca renta extractiva que todavía no existe para sostener un equilibrio que necesita hoy.

 

El BOCADE: la sombra que no se nombra

La verdadera mochila financiera de Chubut sigue siendo el BOCADE, el bono emitido durante la gestión de Mario Das Neves. Ese endeudamiento en dólares continúa generando vencimientos multimillonarios y consume una porción enorme de los ingresos provinciales. El dato más brutal es este: antes de que buena parte del dinero llegue al Estado, ya tiene dueño. Mientras se habla de orden fiscal, una parte sustancial de la caja provincial se va automáticamente al pago de deuda garantizada con regalías. El desendeudamiento, en ese contexto, suena más a relato que a balance.

 

La emergencia económica revela las prioridades reales

La declaración de emergencia económica y la suspensión de pagos a proveedores dicen, en silencio, lo que los anuncios omiten. Cuando faltan recursos, hay una jerarquía clara: el sistema financiero cobra, los bonistas cobran, la deuda se honra. Los proveedores esperan. La austeridad, en este modelo, no se distribuye de manera pareja. Hay quienes la padecen y hay quienes quedan a resguardo. Eso no es un accidente administrativo: es una decisión política.

 

Beneficios arriba, ajuste abajo

Al mismo tiempo que la provincia invocaba la responsabilidad fiscal, avanzaba en alivios tributarios para sectores concentrados: reducciones vinculadas al sector petrolero, beneficios al sector ganadero, baja presión sobre grandes propietarios rurales. El caso más sensible involucra a Pan American Energy y al esquema general de incentivos para sostener inversiones en una cuenca madura y en declive. El argumento oficial es conocido —sin beneficios cae la inversión, cae el empleo, cae la producción— y puede ser parcialmente cierto. Pero la discusión política real es otra: si se reducen impuestos a los sectores más fuertes, ¿quién absorbe entonces el costo del equilibrio fiscal? La respuesta está a la vista: los salarios estatales que se licúan, los proveedores que acumulan deuda con el Estado, el endeudamiento externo que crece.

 

El impuesto rural: la renta que el Estado resigna

Hay un punto que casi nunca aparece en el debate público chubutense: el impuesto inmobiliario rural. Históricamente, la provincia recaudó muy poco sobre grandes extensiones de tierra, ya sea por valuaciones fiscales bajas, por escasa actualización o por decisiones directas de alivio tributario. El resultado es estructural: Chubut recauda poco sobre el patrimonio concentrado y depende cada vez más de regalías petroleras, de deuda y de transferencias nacionales. Es un modelo fiscal profundamente frágil, construido sobre recursos que no controla y sobre una base imponible que prefiere no tocar.

 

Nación también le debe a Chubut

La relación financiera entre la provincia y el Estado nacional nunca fue unidireccional. Chubut también tiene acreencias: fondos retenidos, compensaciones previsionales, deudas por coparticipación. Esto importa porque desmonta otra simplificación del discurso oficial. No había una sola deuda que cancelar: había una red compleja de obligaciones cruzadas. Por eso "deuda cero con Nación" funciona mejor como consigna que como descripción de la situación fiscal real.

 

El extractivismo como garantía del futuro

Toda la arquitectura económica chubutense gira alrededor del petróleo. Las regalías financian el gasto, garantizan la deuda, sostienen la caja y permiten el acceso al crédito. El problema es que la Cuenca del Golfo San Jorge lleva años mostrando signos claros de maduración y declive productivo. Si cae la producción o el precio internacional del crudo, el modelo fiscal entero entra en tensión. La deuda queda. Los compromisos financieros quedan. Los ingresos, en cambio, pueden evaporarse rápido. Apostar el futuro de una provincia a una variable que no se controla y que declina no es administración prudente: es una apuesta con fondos ajenos.

 

La contradicción que nadie discute

Se anuncia desendeudamiento mientras se toma nueva deuda. Se habla de austeridad mientras se alivian cargas a los sectores más fuertes. Se celebra autonomía fiscal mientras la provincia depende cada vez más de regalías, de mercados financieros y de acuerdos con Nación. La discusión de fondo no es económica: es distributiva. Toda política fiscal responde, en última instancia, a una sola pregunta: quién paga el costo del funcionamiento del Estado y quién queda protegido. En Chubut, esa pregunta tiene respuesta. Solo falta que alguien la formule en voz alta.

Chubut no salió de su problema histórico. Ingresó a una nueva etapa del mismo ciclo: extractivismo, endeudamiento y dependencia fiscal administrada políticamente. El cambio, por ahora, es de narrativa.

 


lunes, 11 de mayo de 2026

La Escuela cerrada y el aula infinita

 

Este documento, titulado "La escuela cerrada y el aula infinita" de Guillermo Gettig Jacob, analiza la precarización laboral docente en la provincia de Chubut ante el avance de la virtualidad informal. El autor explica cómo el Estado utiliza el "home office" docente como un recurso permanente para gestionar crisis edilicias o salariales, desplazando costos operativos hacia los trabajadores y las familias. Se destaca la existencia de un grave vacío legal, dado que los docentes públicos no están amparados por la Ley de Teletrabajo ni por un estatuto actualizado para la era digital. El texto funciona además como una guía de defensa táctica que proporciona herramientas jurídicas, modelos de notas y pautas de acción gremial. El objetivo principal es visibilizar la privatización silenciosa de la educación pública y proteger el derecho a la desconexión frente a las exigencias arbitrarias por medios virtuales.

https://www.academia.edu/167019415/La_escuela_cerrada_y_el_aula_infinita

miércoles, 6 de mayo de 2026

Chubut vuelve a una postal conocida: salarios en crisis, escuelas atravesadas por conflictos y estudiantes otra vez en el medio

 6 de mayo de 2026


La crisis educativa vuelve a profundizarse en Chubut y reabre una escena que la provincia conoce demasiado bien: conflictos salariales, suspensión de clases presenciales y una comunidad educativa atrapada entre el deterioro económico y la falta de respuestas estructurales. El escenario no es nuevo, pero tiene algo diferente: esta vez la bronca desbordó a los propios sindicatos.



La paritaria que no cierra

La última audiencia paritaria docente —celebrada este miércoles 6 de mayo en el SUM de Vialidad Provincial en Rawson— volvió a dejar expuesta la distancia entre el discurso oficial y la realidad cotidiana de miles de trabajadores de la educación. El encuentro reunió a los ministros de Educación, José Luis Punta, y de Gobierno, Victoriano Eraso Parodi, junto a representantes de los gremios SITRAED, UDA, SADOP, ATECH y AMET.

La propuesta presentada por el Gobierno provincial incluye incrementos remunerativos atados al Índice de Precios al Consumidor (IPC) con seis puntos porcentuales adicionales distribuidos en tres tramos, lo que representaría un aumento acumulado cercano al 15% en el sueldo básico. El Ejecutivo también ofreció actualizar en un 100% el adicional "Recursos Materiales" —equivalente a unos $115.761 por cargo— e incorporarlo al básico para que sea bonificable en futuras actualizaciones. Los gremios acordaron elevar una respuesta este jueves.

Sin embargo, el Gobierno ya recorrió un camino largo y sinuoso para llegar a esta oferta. A principios de año, la propuesta inicial fue de apenas 1% al básico y 5% al ítem profesionalidad para febrero y marzo —tan exigua que desde ATECH la definieron directamente como "una vergüenza"—. En abril, el conflicto escaló hasta que el Gobierno impuso por decreto un aumento de 1,2% al básico —alrededor de $3.000 pesos por docente—, lo que encendió la mecha de la rebelión.

Los gremios insisten en que el problema ya no es solo "acompañar el IPC", sino recuperar años de deterioro salarial acumulado. Y los números los respaldan.


La canasta patagónica contra los números oficiales

El salario garantizado docente ronda los $700.000, mientras que la Canasta Básica Total en distintas ciudades chubutenses supera ampliamente el $1.500.000 mensual. En Comodoro Rivadavia, el Observatorio de Economía de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco registró en abril una canasta básica alimentaria de $1.440.787 y una línea de indigencia de $634.708. Esto significa que un docente ingresante con un solo cargo —que cobra en torno a los $700.000— no alcanza a cruzar la línea de pobreza. Con dos cargos, apenas la supera por poco.

Chubut ocupa el puesto 21 de 23 jurisdicciones en el ranking nacional de salarios docentes y registra el ingreso inicial más bajo de toda la Patagonia, lejos de los más de $1.300.000 que se pagan como salario inicial en provincias como Neuquén o Tierra del Fuego. La brecha con Santa Fe —la provincia mejor paga, con $1.295.950— es descomunal.

Detrás de los porcentajes aparece un dato más profundo: alquileres en aumento, alimentos más caros que el promedio nacional, tarifas elevadas, combustibles altos y costos de calefacción que en el invierno patagónico resultan imposibles de ignorar. Por eso los sindicatos insisten en que los aumentos actuales no representan una recomposición salarial real, sino apenas un intento de evitar una caída todavía mayor del poder adquisitivo. "No alcanza, no recompone y no responde a la realidad actual", sentenciaron gremialistas al salir de la última audiencia de conciliación.

El secretario adjunto de ATECh, Tomás Montenegro, fue categórico: "El salario docente ha quedado muy por debajo de la canasta básica. No podemos aceptar propuestas que sigan profundizando el ajuste sobre el bolsillo de los trabajadores."


El conflicto que desbordó a los sindicatos

El capítulo más inédito de este conflicto no se escribe en las mesas de negociación: se escribe en las calles.

El 23 de abril, miles de docentes de toda la provincia pararon y marcharon en exigencia de una recomposición salarial. Lo significativo es que lo hicieron a pesar de que ninguno de los cinco sindicatos los cubriera legalmente: horas antes, el Gobierno había dictado la conciliación obligatoria a pedido del propio Ejecutivo, y las conducciones de ATECh, SITRAED, SADOP, AMET y UDA la acataron —ante la amenaza de quita de personerías gremiales y multas— sin resistencia.

Cuando se conoció la noticia del acatamiento sindical, la bronca en los grupos de WhatsApp de docentes autoconvocados explotó. Y al día siguiente pararon igual.

Lo que vino después fue una semana de ruidazos simultáneos en Trelew, Puerto Madryn, Rawson, Esquel, Gaiman, Dolavon y decenas de localidades más pequeñas como Cerro Centinela o Corcovado, en la cordillera. El sábado 25 de abril, movilizaciones masivas contaron con la presencia activa de familias enteras, lo que corroboró la amplitud del respaldo social a la protesta. El 28 de abril —"28A"— la docencia autoconvocada marchó junto a estatales, trabajadores de la salud y otros sectores en una jornada que se extendió por toda la provincia.

En las últimas horas, trabajadores autoconvocados viralizaron un afiche que llama abiertamente a una "desafiliación masiva" de los sindicatos, argumentando que sus conducciones "siguen decidiendo sobre el bolsillo de los trabajadores" sin representar verdaderamente sus intereses.

El creciente protagonismo de los autoconvocados expone una fractura dentro del propio movimiento: los gremios, que históricamente fueron los interlocutores naturales entre los trabajadores y el Estado, ahora son vistos por una parte de la base como parte del problema. La pregunta política de fondo ya no es solo cuánto aumenta el salario. Es quién representa realmente el malestar de los trabajadores, y quién termina administrando el conflicto.

Las autoconvocatorias docentes tienen historia en Chubut. Jugaron un papel central en el Chubutazo de 1990, que le costó la gobernación a Néstor Perl, y fueron protagonistas fundamentales en los conflictos de 2018 y 2019 contra el gobierno de Mariano Arcioni. Ahora vuelven con fuerza, y el fantasma del "Chubutazo" ya circula como consigna en las calles de Rawson.


El conflicto ya no es solo docente

A la tensión paritaria docente se suma el conflicto de auxiliares y trabajadores no docentes, también atravesados por reclamos salariales. Sin porteros, personal de limpieza, mantenimiento y cocina, muchas escuelas directamente no pueden funcionar. La consecuencia vuelve a recaer sobre los estudiantes, que empiezan a perder días de clases presenciales en una provincia marcada históricamente por la discontinuidad educativa.

La semana de protestas que sacudió a Chubut en los últimos días incluyó también paro médico convocado por AGREMEDCH, acciones de ATE en Trelew y la Cordillera, movilizaciones de trabajadores ex Ley 1987 y medidas de fuerza de viales, entre otros sectores. El conflicto, que nació en las aulas, se extendió como reguero de pólvora por toda la administración pública provincial.

El Gobierno logró cerrar acuerdos con algunos gremios de la administración pública —ATE, APOC y UPCN—, así como con los trabajadores de la salud representados por ATSA, AGREMEDCh y SISAP, bajo un esquema de 8% sobre el valor móvil del salario básico en tres tramos. Pero el frente docente sigue abierto, y la reunión paritaria de este miércoles 6 de mayo —que coincide con la fecha que la docencia autoconvocada había señalado para una nueva movilización— se convirtió en el centro de todas las miradas.


La virtualidad no resuelve lo que el Estado no garantiza

Cada vez que las clases presenciales se interrumpen reaparece el mismo reflejo: trasladar parte de la actividad educativa a plataformas virtuales. Pero la desigualdad tecnológica en Chubut sigue siendo enorme.

No todos los estudiantes tienen computadora, conectividad estable, datos móviles ni condiciones adecuadas de estudio. Y tampoco todos los docentes cuentan con equipos propios, internet permanente, espacios de trabajo o recursos tecnológicos financiados por el Estado. La educación virtual, lejos de resolver el problema, suele profundizar las desigualdades sociales existentes. En el aglomerado Rawson-Trelew, según el INDEC, casi el 33% de la población era pobre en el segundo semestre de 2025 y la cifra de indigencia rozaba el 6%. Trelew, desde la caída de su histórico parque industrial textil, es, en palabras de analistas locales, "una fábrica de pobres".


La discusión incómoda: los recursos que la provincia resigna

Mientras el Gobierno insiste en que las cuentas provinciales están condicionadas por la caída de ingresos y la recesión nacional, distintos sectores cuestionan desde hace años las prioridades económicas y fiscales de la provincia.

En primer término, el esquema de concesiones petroleras. Pan American Energy (PAE), principal operadora en la Cuenca San Jorge, extendió su dominio sobre Cerro Dragón por 35 años más —con opción a 10 adicionales— tras un convenio ratificado por la Legislatura en abril de 2025. El acuerdo fija regalías del 9% solo para no convencional, con bonos de "reconversión" y "extensión" por casi 90 millones de dólares pagaderos en cuotas. En paralelo, analistas señalan que las regalías petroleras aportarán en 2026 apenas el 20% del presupuesto provincial (629.621 millones de pesos), pese a haber sido históricamente el pilar de las arcas públicas.

En segundo término, la situación de los grandes propietarios rurales. Solo 193 familias concentran 7,25 millones de hectáreas —el 42% de las tierras chubutenses—, según el Censo Agropecuario 2018, y esa concentración creció un 13% en 16 años. Desde 2003, la provincia no cobra el Impuesto Inmobiliario Rural a estos grandes poseedores, dejando millones en deudas morosas. El caso más emblemático es el del grupo Benetton, cuya Compañía de Tierras del Sud Argentino controla 900.000 hectáreas y acumula antecedentes de evasión tributaria desde fines de los años '90.

La recesión nacional impacta directamente sobre el consumo, la actividad económica, la coparticipación y la recaudación. El resultado es una provincia con menos recursos, mayores demandas sociales y conflictos que vuelven a explotar sobre los servicios públicos esenciales. Para docentes y estatales, la pregunta es cada vez más directa: ¿por qué el ajuste siempre cae sobre los mismos?


La educación pública vuelve a pagar la crisis

El escenario empieza a recordar peligrosamente los años más críticos del conflicto educativo chubutense: salarios que pierden frente al costo de vida, negociaciones permanentes, paros, suspensión de clases y estudiantes atrapados en medio de la disputa. La diferencia es que ahora la crisis ocurre después de años de deterioro acumulado, en un contexto social mucho más frágil y con una base docente que ya no espera a que sus representantes sindicales actúen.

La reunión de este miércoles 6 de mayo puede ser una bisagra o una escalada. Los gremios llevan la propuesta oficial a sus bases. Los autoconvocados ya tienen agenda de lucha. Y el Gobierno sabe que, si la oferta vuelve a ser rechazada, la calle tiene la palabra.

Mientras tanto, la pregunta de fondo sigue sin resolverse: ¿puede sostenerse un sistema educativo estable cuando el salario ya no alcanza para vivir en la Patagonia? Por ahora, la respuesta parece escribirse otra vez con aulas vacías.


Fuentes consultadas: Ministerio de Educación del Chubut, Secretaría de Trabajo de la Provincia, SITRAED, ATECh, ATECH, La Nación, Ámbito, Chubutline, El Cohete a la Luna, El Chubut, ADNSUR, Cholilaonline, La Izquierda Diario, Observatorio de Economía UNPSJB.

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