Chubut La deuda eterna
La deuda que "se canceló", el ajuste que continúa y el modelo que nadie discute
Análisis de Guillermo Gettig Jacob
El gobernador Ignacio
Torres anunció la anterior semana que Chubut "canceló totalmente su deuda
con Nación". La frase fue presentada como un hito histórico: una provincia
que deja atrás el desorden financiero, ordena sus cuentas y convierte pasivos
en obras. La imagen política funciona. El problema aparece cuando se mira
debajo del anuncio.
Porque mientras el
gobierno celebra, la provincia sigue pagando vencimientos millonarios
heredados, tomó nueva deuda en dólares en el mercado internacional, mantiene
una dependencia estructural de regalías petroleras, suspendió pagos a
proveedores bajo emergencia económica y, al mismo tiempo, alivió cargas
tributarias sobre los sectores más concentrados de la economía. La pregunta
entonces deja de ser contable y se vuelve política: ¿Chubut se desendeudó, o
simplemente cambió de acreedor mientras reordena quién paga el costo?
Lo que significa realmente "cancelar deuda con Nación"
Técnicamente, el
anuncio refiere a la cancelación de una deuda específica con el Fondo
Fiduciario para el Desarrollo Provincial, operada mediante el Régimen de
Extinción de Obligaciones Recíprocas —el REOR—, un mecanismo de compensación
entre partes. Nación reconoce lo que le debe a Chubut, Chubut reconoce lo que
le debe a Nación, y ambas compensan. Prolijo. Pero el punto central es otro: la
provincia no quedó libre de deuda. Se extinguió una línea específica de
endeudamiento mientras continúan otros pasivos mucho más pesados y
condicionantes.
La deuda no desapareció: cambió de forma
Mientras se anunciaba
el "fin" de la deuda con Nación, Chubut avanzaba en nueva deuda
internacional por hasta 650 millones de dólares. Ahí aparece la primera gran
contradicción del modelo. La provincia abandona deuda intraestatal —más
flexible, renegociable en términos políticos— para ingresar nuevamente a
esquemas financieros internacionales, más rígidos y atados al humor del
mercado. El problema no es solo cuánto se debe sino a quién, en qué moneda,
bajo qué legislación y con qué garantía. En este caso, la respuesta a esa
última pregunta es siempre la misma: regalías petroleras futuras. La provincia
hipoteca renta extractiva que todavía no existe para sostener un equilibrio que
necesita hoy.
El BOCADE: la sombra que no se nombra
La verdadera mochila
financiera de Chubut sigue siendo el BOCADE, el bono emitido durante la gestión
de Mario Das Neves. Ese endeudamiento en dólares continúa generando
vencimientos multimillonarios y consume una porción enorme de los ingresos
provinciales. El dato más brutal es este: antes de que buena parte del dinero
llegue al Estado, ya tiene dueño. Mientras se habla de orden fiscal, una parte
sustancial de la caja provincial se va automáticamente al pago de deuda
garantizada con regalías. El desendeudamiento, en ese contexto, suena más a
relato que a balance.
La emergencia económica revela las prioridades reales
La declaración de
emergencia económica y la suspensión de pagos a proveedores dicen, en silencio,
lo que los anuncios omiten. Cuando faltan recursos, hay una jerarquía clara: el
sistema financiero cobra, los bonistas cobran, la deuda se honra. Los proveedores
esperan. La austeridad, en este modelo, no se distribuye de manera pareja. Hay
quienes la padecen y hay quienes quedan a resguardo. Eso no es un accidente
administrativo: es una decisión política.
Beneficios arriba, ajuste abajo
Al mismo tiempo que la
provincia invocaba la responsabilidad fiscal, avanzaba en alivios tributarios
para sectores concentrados: reducciones vinculadas al sector petrolero,
beneficios al sector ganadero, baja presión sobre grandes propietarios rurales.
El caso más sensible involucra a Pan American Energy y al esquema general de
incentivos para sostener inversiones en una cuenca madura y en declive. El
argumento oficial es conocido —sin beneficios cae la inversión, cae el empleo,
cae la producción— y puede ser parcialmente cierto. Pero la discusión política
real es otra: si se reducen impuestos a los sectores más fuertes, ¿quién
absorbe entonces el costo del equilibrio fiscal? La respuesta está a la vista:
los salarios estatales que se licúan, los proveedores que acumulan deuda con el
Estado, el endeudamiento externo que crece.
El impuesto rural: la renta que el Estado resigna
Hay un punto que casi
nunca aparece en el debate público chubutense: el impuesto inmobiliario rural.
Históricamente, la provincia recaudó muy poco sobre grandes extensiones de
tierra, ya sea por valuaciones fiscales bajas, por escasa actualización o por decisiones
directas de alivio tributario. El resultado es estructural: Chubut recauda poco
sobre el patrimonio concentrado y depende cada vez más de regalías petroleras,
de deuda y de transferencias nacionales. Es un modelo fiscal profundamente
frágil, construido sobre recursos que no controla y sobre una base imponible
que prefiere no tocar.
Nación también le debe a Chubut
La relación financiera
entre la provincia y el Estado nacional nunca fue unidireccional. Chubut
también tiene acreencias: fondos retenidos, compensaciones previsionales,
deudas por coparticipación. Esto importa porque desmonta otra simplificación
del discurso oficial. No había una sola deuda que cancelar: había una red
compleja de obligaciones cruzadas. Por eso "deuda cero con Nación"
funciona mejor como consigna que como descripción de la situación fiscal real.
El extractivismo como garantía del futuro
Toda la arquitectura
económica chubutense gira alrededor del petróleo. Las regalías financian el
gasto, garantizan la deuda, sostienen la caja y permiten el acceso al crédito.
El problema es que la Cuenca del Golfo San Jorge lleva años mostrando signos claros
de maduración y declive productivo. Si cae la producción o el precio
internacional del crudo, el modelo fiscal entero entra en tensión. La deuda
queda. Los compromisos financieros quedan. Los ingresos, en cambio, pueden
evaporarse rápido. Apostar el futuro de una provincia a una variable que no se
controla y que declina no es administración prudente: es una apuesta con fondos
ajenos.
La contradicción que nadie discute
Se anuncia
desendeudamiento mientras se toma nueva deuda. Se habla de austeridad mientras
se alivian cargas a los sectores más fuertes. Se celebra autonomía fiscal
mientras la provincia depende cada vez más de regalías, de mercados financieros
y de acuerdos con Nación. La discusión de fondo no es económica: es
distributiva. Toda política fiscal responde, en última instancia, a una sola
pregunta: quién paga el costo del funcionamiento del Estado y quién queda
protegido. En Chubut, esa pregunta tiene respuesta. Solo falta que alguien la
formule en voz alta.
Chubut no salió de su
problema histórico. Ingresó a una nueva etapa del mismo ciclo: extractivismo,
endeudamiento y dependencia fiscal administrada políticamente. El cambio, por
ahora, es de narrativa.



