miércoles, 20 de mayo de 2026

Chubut La deuda eterna La deuda que "se canceló", el ajuste que continúa y el modelo que nadie discute

 Chubut La deuda eterna

La deuda que "se canceló", el ajuste que continúa y el modelo que nadie discute

 Análisis de Guillermo Gettig Jacob

El gobernador Ignacio Torres anunció la anterior semana que Chubut "canceló totalmente su deuda con Nación". La frase fue presentada como un hito histórico: una provincia que deja atrás el desorden financiero, ordena sus cuentas y convierte pasivos en obras. La imagen política funciona. El problema aparece cuando se mira debajo del anuncio.

Porque mientras el gobierno celebra, la provincia sigue pagando vencimientos millonarios heredados, tomó nueva deuda en dólares en el mercado internacional, mantiene una dependencia estructural de regalías petroleras, suspendió pagos a proveedores bajo emergencia económica y, al mismo tiempo, alivió cargas tributarias sobre los sectores más concentrados de la economía. La pregunta entonces deja de ser contable y se vuelve política: ¿Chubut se desendeudó, o simplemente cambió de acreedor mientras reordena quién paga el costo?

 

Lo que significa realmente "cancelar deuda con Nación"

Técnicamente, el anuncio refiere a la cancelación de una deuda específica con el Fondo Fiduciario para el Desarrollo Provincial, operada mediante el Régimen de Extinción de Obligaciones Recíprocas —el REOR—, un mecanismo de compensación entre partes. Nación reconoce lo que le debe a Chubut, Chubut reconoce lo que le debe a Nación, y ambas compensan. Prolijo. Pero el punto central es otro: la provincia no quedó libre de deuda. Se extinguió una línea específica de endeudamiento mientras continúan otros pasivos mucho más pesados y condicionantes.

 

La deuda no desapareció: cambió de forma

Mientras se anunciaba el "fin" de la deuda con Nación, Chubut avanzaba en nueva deuda internacional por hasta 650 millones de dólares. Ahí aparece la primera gran contradicción del modelo. La provincia abandona deuda intraestatal —más flexible, renegociable en términos políticos— para ingresar nuevamente a esquemas financieros internacionales, más rígidos y atados al humor del mercado. El problema no es solo cuánto se debe sino a quién, en qué moneda, bajo qué legislación y con qué garantía. En este caso, la respuesta a esa última pregunta es siempre la misma: regalías petroleras futuras. La provincia hipoteca renta extractiva que todavía no existe para sostener un equilibrio que necesita hoy.

 

El BOCADE: la sombra que no se nombra

La verdadera mochila financiera de Chubut sigue siendo el BOCADE, el bono emitido durante la gestión de Mario Das Neves. Ese endeudamiento en dólares continúa generando vencimientos multimillonarios y consume una porción enorme de los ingresos provinciales. El dato más brutal es este: antes de que buena parte del dinero llegue al Estado, ya tiene dueño. Mientras se habla de orden fiscal, una parte sustancial de la caja provincial se va automáticamente al pago de deuda garantizada con regalías. El desendeudamiento, en ese contexto, suena más a relato que a balance.

 

La emergencia económica revela las prioridades reales

La declaración de emergencia económica y la suspensión de pagos a proveedores dicen, en silencio, lo que los anuncios omiten. Cuando faltan recursos, hay una jerarquía clara: el sistema financiero cobra, los bonistas cobran, la deuda se honra. Los proveedores esperan. La austeridad, en este modelo, no se distribuye de manera pareja. Hay quienes la padecen y hay quienes quedan a resguardo. Eso no es un accidente administrativo: es una decisión política.

 

Beneficios arriba, ajuste abajo

Al mismo tiempo que la provincia invocaba la responsabilidad fiscal, avanzaba en alivios tributarios para sectores concentrados: reducciones vinculadas al sector petrolero, beneficios al sector ganadero, baja presión sobre grandes propietarios rurales. El caso más sensible involucra a Pan American Energy y al esquema general de incentivos para sostener inversiones en una cuenca madura y en declive. El argumento oficial es conocido —sin beneficios cae la inversión, cae el empleo, cae la producción— y puede ser parcialmente cierto. Pero la discusión política real es otra: si se reducen impuestos a los sectores más fuertes, ¿quién absorbe entonces el costo del equilibrio fiscal? La respuesta está a la vista: los salarios estatales que se licúan, los proveedores que acumulan deuda con el Estado, el endeudamiento externo que crece.

 

El impuesto rural: la renta que el Estado resigna

Hay un punto que casi nunca aparece en el debate público chubutense: el impuesto inmobiliario rural. Históricamente, la provincia recaudó muy poco sobre grandes extensiones de tierra, ya sea por valuaciones fiscales bajas, por escasa actualización o por decisiones directas de alivio tributario. El resultado es estructural: Chubut recauda poco sobre el patrimonio concentrado y depende cada vez más de regalías petroleras, de deuda y de transferencias nacionales. Es un modelo fiscal profundamente frágil, construido sobre recursos que no controla y sobre una base imponible que prefiere no tocar.

 

Nación también le debe a Chubut

La relación financiera entre la provincia y el Estado nacional nunca fue unidireccional. Chubut también tiene acreencias: fondos retenidos, compensaciones previsionales, deudas por coparticipación. Esto importa porque desmonta otra simplificación del discurso oficial. No había una sola deuda que cancelar: había una red compleja de obligaciones cruzadas. Por eso "deuda cero con Nación" funciona mejor como consigna que como descripción de la situación fiscal real.

 

El extractivismo como garantía del futuro

Toda la arquitectura económica chubutense gira alrededor del petróleo. Las regalías financian el gasto, garantizan la deuda, sostienen la caja y permiten el acceso al crédito. El problema es que la Cuenca del Golfo San Jorge lleva años mostrando signos claros de maduración y declive productivo. Si cae la producción o el precio internacional del crudo, el modelo fiscal entero entra en tensión. La deuda queda. Los compromisos financieros quedan. Los ingresos, en cambio, pueden evaporarse rápido. Apostar el futuro de una provincia a una variable que no se controla y que declina no es administración prudente: es una apuesta con fondos ajenos.

 

La contradicción que nadie discute

Se anuncia desendeudamiento mientras se toma nueva deuda. Se habla de austeridad mientras se alivian cargas a los sectores más fuertes. Se celebra autonomía fiscal mientras la provincia depende cada vez más de regalías, de mercados financieros y de acuerdos con Nación. La discusión de fondo no es económica: es distributiva. Toda política fiscal responde, en última instancia, a una sola pregunta: quién paga el costo del funcionamiento del Estado y quién queda protegido. En Chubut, esa pregunta tiene respuesta. Solo falta que alguien la formule en voz alta.

Chubut no salió de su problema histórico. Ingresó a una nueva etapa del mismo ciclo: extractivismo, endeudamiento y dependencia fiscal administrada políticamente. El cambio, por ahora, es de narrativa.

 


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